Por: Camila de la Fuente

“Yo nunca me he considerado un artista, yo pienso que cuando una persona es un artista, es muy bueno y un maestro en lo que hace. Me considero más como un artesano, un obrero”, comenzó explicando el Maestro Weil una tarde soleada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Entre cafés y dibujos, el caricaturista venezolano me enseñaba sus técnicas de acuarela en un pequeño cuaderno centrado entre los dos.

Roberto Weil es una persona muy particular: muy humilde a pesar de presentar genialidades en los medios y lienzos, tímido en público pero hablador en la intimidad, un curioso y aventurero alpinista, retador pero a la vez muy religioso, músico con un disco grabado en guitarra y por si fuera poco, un atleta con muchas participaciones en concursos de gimnasia artística en sus años estudiando la carrera de ingeniería en los Estados Unidos.

Aunque nunca lo planificó así, hoy en día es reconocido por sus pinturas y cartones en acuarelas que ilustran la situación de su país, Roberto expresa su pasión a través de pensamientos que lo conmueven y lo afectan para plasmarlos en papel. “No hago una caricatura sin pensarlo mucho, le doy mucha vuelta a la cabeza antes de  hacerlas”, afirmó el humorista gráfico. El caricaturista confesó que sabe que consiguió una buena idea cuando él mismo se impresiona, se emociona e incluso llora.

Parte importante de su arte es como la fina estética —muchas veces en tonos azulados— de sus trazos se mezcla con un mensaje fuerte y generalmente dramático. “El hombre es una dualidad y por eso vivimos en conflicto”, expresó Weil, “los otros seres viven en una dualidad más clara porque solo se preocupan en reproducirse, comer y vivir. Nosotros somos mucho más complejos y estamos siempre buscando una utopía, una paz”.

A Weil no sólo le interesa el conflicto, tiene en sus dibujos y pinturas representados muchos animales o personajes animalizados que emiten un humor blanco en sus caricaturas y una simpatía llamativa en sus cuadros. No olvidemos uno de sus primeros libros en el que nos enseña su viaje por África a través de la ilustración en acuarela. También otro de sus libros titulado “No le hagas al Potro lo que no quieras que te hagan a ti”, en el que te envuelve con su humor negro.

Otro tema que también toca en sus artes es la religión, las interesantes fusiones que hace con la era digital y las vírgenes, en las que en sus pinturas podemos observar a Jesús crucificado tomándose una selfie con la Vírgen María y el Espíritu Santo con inocencia y dándole un tono alegre a sus fieles creencias.

A pesar de tener muchas formas de expresión, el humorismo gráfico político es lo que más conoce su público. Para Roberto la caricatura es una necesidad para aportar un pequeño granito de arena, “lo veo yo como una manera en que yo puedo aportar para combatir la dictadura que estamos viviendo.”